jueves, 26 de mayo de 2016

Hablar callando

Calla, en cantidad de ocasiones calla. Por eso, supongo, se podría decir que nos queremos de vista. Miro, planteo, pregunto, cuestiono, dudo, temo y una multitud de verbos más. A veces voy a su encuentro y, egoísta, sólo llevo preguntas y sólo me devuelve silencio. Puede ser que no sepa escuchar, es probable que sea que no escucho bien. Pero miro, y no me canso de hacerlo. Pienso en qué se le pasó por su humana cabeza, qué pensará, qué fue lo que ideó para mí que no encuentro. Pero busco, y no me canso de hacerlo.

Alguna vez duele, no muchas pero sí alguna, y alguna, a veces, es mucho. He aprendido que el amor es soportar. Que no hay forma equiparable de amor a que te soporten. Me soporta, me mira, escucha mis inquietudes, anhelos. Lo sé porque aunque en ocasiones no responde, siempre, sin excepción, da respuesta. Habla calladamente pero sin timidez, con una fuerza que sólo se puede corresponder a la verdad única que son, a la vez, todas las verdades.

Calla porque sólo en silencio se puede escuchar, porque únicamente cuando no hay ruido se puede hablar. Lo hace porque sabe que la bala que me alcanza es la que no escucho.

lunes, 9 de mayo de 2016

Lo que me falta

Debe ser un paso arbitrario entre esa acera y esta,
que el semáforo se mantenga en rojo hasta que vengas,
que seas política y yo periodista, tú escritora, yo lector;
que se te caiga la carpeta cuando yo pase sin prisa;
creer en la revolución, en las bibliotecas y la vida.

Creer que se puede creer más allá de en lo que creamos,
convencernos de que puede ser que, que tal vez,
en cualquier momento y lugar, espacio y tiempo,
tú puedes anhelarlo todo y yo tener algo que dar,
que puedo dejar de ser sed para ser agua, o lo inverso.

Puede que sea alguien que abra los ojos
en el preciso instante en el que los estoy mirando,
que no utilice las palabras por si la lluvia,
que no use paraguas por si el silencio,
que no tenga miedo a callar ni a calar.