jueves, 26 de mayo de 2016

Hablar callando

Calla, en cantidad de ocasiones calla. Por eso, supongo, se podría decir que nos queremos de vista. Miro, planteo, pregunto, cuestiono, dudo, temo y una multitud de verbos más. A veces voy a su encuentro y, egoísta, sólo llevo preguntas y sólo me devuelve silencio. Puede ser que no sepa escuchar, es probable que sea que no escucho bien. Pero miro, y no me canso de hacerlo. Pienso en qué se le pasó por su humana cabeza, qué pensará, qué fue lo que ideó para mí que no encuentro. Pero busco, y no me canso de hacerlo.

Alguna vez duele, no muchas pero sí alguna, y alguna, a veces, es mucho. He aprendido que el amor es soportar. Que no hay forma equiparable de amor a que te soporten. Me soporta, me mira, escucha mis inquietudes, anhelos. Lo sé porque aunque en ocasiones no responde, siempre, sin excepción, da respuesta. Habla calladamente pero sin timidez, con una fuerza que sólo se puede corresponder a la verdad única que son, a la vez, todas las verdades.

Calla porque sólo en silencio se puede escuchar, porque únicamente cuando no hay ruido se puede hablar. Lo hace porque sabe que la bala que me alcanza es la que no escucho.

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