miércoles, 20 de enero de 2016

No obedezcáis

No necesitábamos un mundo de fluorescentes y farolas,
de más maniquís con escaparate que personas con hogar,
con más billetes de más colores y con menos para vivir.
Que me desasfalten las cientos de carreteras radiales
y vuelvan a dibujar caminos rectos que se crucen.

La desobediencia es un baile que no necesita ritmo.

No sé mucho de amor, no hablaban de ello en la escuela,
aprendí entrega en mi casa de noches sin dormir y días en vela;
comprendo el idioma triste del pájaro que migra a pesar del frío,
escucho el grito de los sueños que se cierran en el mar abierto
por todos los hijos que no llegarán a nacer en el Mediterráneo.

Desobedeced, antes de que sea tarde, ahora que es ahora,
antes de que reconstruyan los diccionarios y nos cambien los verbos,
escribid a bolígrafo; a tinta indeleble, palabras indelebles,
hablad mucho y que no os callen, tomad la calle, rehaced los países,
abrazad a los vivos ya que dejasteis morir a los muertos.

No obedezcáis a quien no os quiere aunque os haga llorar.

Abrid las ventanas sin cerrar las puertas, olvidad los mapas,
la frontera no es de continente a continente sino entre personas,
la cultura no es muro, es puente; el miedo no es razón, es excusa.
Los valores se devalúan si se esconden, la comodidad es ilusoria,
la muerte de quien no ves morir también duele, también nos mata.

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