viernes, 31 de julio de 2015

Parece que nunca se va a acabar

Mira, la ciudad eterna; dijiste.

Desde entonces fue un no parar de incursiones, deterioro y todas esas cuestiones que demuestran debilidad. Pero tú reías y no había quien te quitase la razón. Paseabas por sus calles, que cada día parecían habitadas por un pueblo diferente, veías derruirse sus edificios y parecía que todo te daba igual. Peor: Todo te daba igual. Esa cotidianidad que se convirtió en rutina me enfermaba. Tú mirabas y decías lo mismo, cada vez más convencida: Mira, la ciudad eterna. Y volvía a pasar, cada día, una insultante masa de dudas sobre tu certeza y cuanto más certeza era más se tambaleaba todo.

Con qué facilidad te plantabas delante de la ventana que nos reflejaba cual espejo con nuestras soledades tan bien conjuntadas para decir que eso debía asemejarse a la Roma de yo que sé quién y yo que sé cuándo. Que no sé qué de una ciudad eterna y que eterno no es otra cosa que no acabar. Mira, la ciudad eterna. Podríamos haber estado delante de Pompeya, Móstoles o Washington que te hubiese dado igual. Lo hubieses dicho con el mismo orgullo que decías los te quiero, con la misma certeza que te colocabas el pelo y de la misma manera indiscutible de la que te fuiste. Te hubiera dado igual que un ejército hubiese acampado en las calles de París o que hubiesen descubierto una trama corrupta en Madrid.

lunes, 20 de julio de 2015

Sin mirar a los lados

Me siento tan cerca de Praga como de Barcelona,
encuentro mi fuerza en Francia y Bulgaria,
me gustaría definirme ateniense o egipcio.
Soy de todos los sitios donde no he estado.

No soy apátrida, pero no sé muy bien qué es lo contrario.
Por cada persona que busca sus dos minutos de gloria
otra encuentra ciento veinte segundos de miseria,
el mundo sigue girando porque no le han dicho lo contrario.

Y si sí, le da igual.

jueves, 16 de julio de 2015

Por el camino de entrada

Te levantas, cualquier día, con un profundo vacío;
nace una tristeza que no crees como tuya
y una melancolía que sabe a cosas que no has vivido;
de la misma inexplicable forma que la hierba amanece manchada de rocío.

No te parece difícil reconocer la soledad del resto
y da miedo imaginar que a ellos tampoco la tuya.
En qué convertimos la vida cuando la ocupamos
en una búsqueda de motivos y tiempo para vivirla.

El riesgo de ser humano es saberlo,
nuestra soledad es lo que la correa al perro y el redil al pasto,
el conocimiento de causa y contingencia,
sentir vergüenza por nuestros no actos.

domingo, 5 de julio de 2015

Nuestras posibilidades

El otro día le pregunté a un saxofonista
con el que siempre coincido en la línea diez
¿por qué siempre toca bésame mucho pero
como si fuera esta noche la última en lugar de
como si fuera esta noche la última vez?

Contestó que encontrase a quien, como él toca,
me besase siempre como si el mundo se fuese a acabar
nunca a quien lo hiciera como si lo efímero fuese el beso.

He pensado que ella, váyanse a saber quién es ella, además

jugará a unir los puntos de inflexión
y será una guarrada porque se llenará el cuerpo de tinta.
Siempre irá un paso por delante y un tropiezo por detrás.