lunes, 21 de septiembre de 2015

Soporto

No tengo nada que decir,
eso, en ocasiones, es todo:
que a veces no tengo que decir nada
y a ver quién calla esta interioridad.

Este silencio que, sin llenar, ocupa todo;
que, como el trueno, dura menos que su eco,
y transforma las palabras en onomatopeyas
y silencio es sólo una palabra incomprensible.

Decid, quién sana este vacío, quién salva de él.
Quién sabe a ciencia cierta y exacta que
el árbol que se alejó de las malas hierbas
no tuvo en donde echar raíces


y por eso se va a quedar aquí a compartir
palabras vacías que no dicen nada,
porque no todo tiene que decir algo, supongo,
no vamos a necesitar necesidades siempre, espero.

Soporto la intrascendencia de algunos momentos
e imagino que algunas palabras aguantan la mía.
Ese es el trato: andar mucho sin llegar lejos,
como un niño: crecer mucho sin hacerse viejo.

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