miércoles, 26 de agosto de 2015

De donde no venimos

Quizás estemos hechos de decisiones
y el esqueleto es solamente una excusa
para pensar que es natural mantenernos en pie.

Me siento lejos, como quien siente un pasado
que no tuvo, como una nostalgia atragantada,
como un futuro que no promete nada.

No quiero competir en pasar por el aro,
sentir ajena la rebeldía, contra mí mismo,
sentir extraños a los extraños, no puedo.

No sueño mucho ya, y duermo menos
para evitar las pesadillas y saborear
la quietud y todo lo que no es movilismo.

Estoy llegando lejos,
a los veinte sé que para ser invisible
sólo tienes que madrugar mucho y coger un tren.


Con pocos años he aprendido a dejar de echar de menos,
que es menos libertad de lo que parece:
nadie quiere no tener a quien decir vuelve.

Me fijo en los detalles con una facilidad enfermiza,
he visto a una chica en la biblioteca que no me ha mirado, creo,
y sé que tras el contoneo de su bolígrafo

hay una soledad a juego con la mía.
pero lo más probable es que no la conjuntemos,
que nunca se pregunte por mis respuestas.

Lo normal es que esto me pase factura,
que el camino que decidimos no tomar
sea al final el que cojamos para volver

de donde no venimos.

1 comentario:

  1. Impresionante...se me acaban los apelativos Marcos de veras, este con café y cigarro cuando desayunemos! VG

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