lunes, 20 de julio de 2015

Sin mirar a los lados

Me siento tan cerca de Praga como de Barcelona,
encuentro mi fuerza en Francia y Bulgaria,
me gustaría definirme ateniense o egipcio.
Soy de todos los sitios donde no he estado.

No soy apátrida, pero no sé muy bien qué es lo contrario.
Por cada persona que busca sus dos minutos de gloria
otra encuentra ciento veinte segundos de miseria,
el mundo sigue girando porque no le han dicho lo contrario.

Y si sí, le da igual.

Tengo hermanos en Moscú y vecinos en Berlín,
mi alma gemela se ha aplicado cirugía a base de pecados
y está en algún bar de Tallín celebrando que no nos reconoceremos.

Ya he tenido tanto miedo, tanto vértigo, por nimiedades
que a ver si estalla una guerra por la que, como todas,
no merezca la pena morir pero sí apreciar la vida.

Y si no, nos da igual.

Porque puedo vivir con la rabia del que necesita más
aunque no sepa muy bien el que,
no morir con la amargura de quien no lo consiguió.

Nunca me he hecho el fuerte, ni el valiente,
aunque sé cómp es eso de que crucen por tu vida
sin mirar a los lados ni pedir perdón.

Porque llevo haciéndolo toda la mía.

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