domingo, 5 de julio de 2015

Nuestras posibilidades

El otro día le pregunté a un saxofonista
con el que siempre coincido en la línea diez
¿por qué siempre toca bésame mucho pero
como si fuera esta noche la última en lugar de
como si fuera esta noche la última vez?

Contestó que encontrase a quien, como él toca,
me besase siempre como si el mundo se fuese a acabar
nunca a quien lo hiciera como si lo efímero fuese el beso.

He pensado que ella, váyanse a saber quién es ella, además

jugará a unir los puntos de inflexión
y será una guarrada porque se llenará el cuerpo de tinta.
Siempre irá un paso por delante y un tropiezo por detrás.
No hablará del olvido como algo comprensible
porque no hace falta abogar por el olvido
cuando no hay recuerdo que te haga sombra.

No me dirá 'no te entiendo'
cuando esté pensativa y me intente adelantar a ella
con un ‘yo tampoco’ para luego contestarla ‘lo sé’.

No querrá saber nada de esto de escribir
porque en cualquier momento estará leyendo, yo que sé,
a Shakespeare* o las columnas de Jabois.

Tildará los solo cuando signifiquen solamente,
cuando hable de nosotros sólo lo hará en presente,
será imperativa y desterrará mis condicionales.

Leeremos cervezas y beberemos libros de poemas
presumiendo de dislexias emocionales.
Nuestros fines de semana serán de domingo a martes.

Nos besaremos, mucho, como si fuera esta noche la última vez,
hasta que un día lo sea y podamos decir que nos quisimos
porque lo hicimos por encima de nuestras posibilidades.

*Léase como se escribe.

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