miércoles, 27 de mayo de 2015

No eras tú, soy yo

No soy de echar las culpas a nadie,
ya lo sabrás, no sé,
creo que si echas balones fuera
al final quien no juega eres tú.

Ya ves, manías que matan como dormir poco,
por debajo de las posibilidades
y encima de los sueños,
por todo eso del vértigo a ras de despertador.

Y pensar, qué manía y -joder- si pienso.

Te tengo perdida entre algún recuerdo
diciendo que no, que no todo el rato,
pero que quizás luego, sí, luego quizás.

Valentía de inútiles es creer en el futuro.

Pero quién nos hemos creído,
qué valentía finjo si lo único que hago
es dibujar puertas con tiza en la pared
a ver si a alguien se le ocurre abrirlas,

y que vengan a robar si se atreven.

Siempre me he preguntado qué se gana
cuando no pierdes la razón o el miedo
y lo único que te queda es este mundo
de arcilla en el que desde que te fuiste

no para de llover a cántaros.

No eras tú, que nunca estabas,
soy yo, que nunca me enteré
de que te fuiste
hasta que fue tarde.

Pero no me gusta echar las culpas a nadie
y menos a mí.

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