miércoles, 4 de junio de 2014

No sé si quiero

Apenas tengo tiempo para penas.

Se me han quedado afónicos los folios,
se me han vuelto traslúcidas las ideas brillantes;
dudo, sin duda, más que nunca,
si volveré a escribir a alguien.
Nunca
he querido el beneficio de la duda,
porque la duda jamás ha sido un beneficio,
y ahora menos.

No se si quiero volverme ciego
para que alguien me venga a describir amaneceres
ya sea por lástima o amor al lastimado
que no puede ver como el sol se abre paso
entre los escombros que son los ídolos de ayer.

Porque todo es tan condicional y tan imperativo a la vez
que explíquenme donde está el punto entero y si no son todo escombros
en un mundo repleto de puntos medios y medias tintas
que ni llenan ni desgastan, ni odian ni aman
solo ponen buenas caras.

Apenas tengo tiempo para penas.

Ahora que nos han adoctrinado a rendir culto
al tiempo, al cuerpo, a los espejos y al dinero,
ahora que nadie es más majo que las pesetas
y a nadie le caen bien los euros,
ahora no tengo tiempo para penas.

Y nunca he considerado que la duda
beneficiara a nadie, y menos a mí que.

No se si quiero volverme ciego de amor, o de lo que sea,
para que alguien me venga a describir amaneceres
ya sea por lástima o amor al lastimado
que no puede ver como el sol se abre paso
porque está demasiado ocupado mirando a quien narra.

Mirando a quien narra, mudo,
mirando en sus ojos
como entre los escombros, entre los puntos medios,
amanece tiempo para alegrías
aunque apenas me vaya a quedar tiempo para penas.

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