viernes, 27 de diciembre de 2013

Siempre desafinando

Llevo un mes discutiéndome
si la luna es mía o de todos los demás.
(La luna, no es una metáfora,
que no he encontrado a una como ella).

Porque necesito alguien fuera de órbita,
que los canones se me han quedado pequeños.

Me pesan, me paso los moldes,
y aquí se empeñan todos en medias naranjas,
y yo quiero media vida,
que ya pongo yo la otra media.

Al principio concluí que no es de nadie,
de nadie más que mía.

He preguntado al sol y me ha hablado de envidias,
que desde el principio todo el mundo le prestaba atención,
hasta hacían relojes que solo funcionaban cuando estaba él,
y que con la luna o la gente duerme o se vuelve inconsciente.

¡Parecemos el mar del cielo!, todos somos reflejos,
entre envidias, rencores, y odios,
fijaos en la luna y el sol, que las únicas veces que se cruzan ya
es para eclipsarse.

Y de las estrellas y personas fugaces no os hablo,
que dan mucho que hablar para lo poco que duran.

Volviendo a la realidad, quería decir que...

He vuelto a concluir,
que como Kutxi Romero,
a mí,
la luna me sabe a poco.

A partir de ahora escribiré bajo el sol,
y cantaré bajo la luna,
mientras busco para quien lo hago,
y para evitar envidias

siempre desafinando.