sábado, 9 de noviembre de 2013

Nacionalidad

Cerré el alma con inseguros
y aparqué la esperanza en doble fila.

Habitúo tanto la soledad que casi me cambian la nacionalidad;
ya he medido más de una vez que entre el anochecer y el amanecer
hay solo unas cervezas y completar el aforo de un cenicero.

Yo, que me desengañé del mundo cada madrugada
y gané la carrera de fondo al pasado cuando me atropelló el amanecer.

Yo, que cada vez encuentro más atractivos los espejos
y entendí que no había entendido nada, pero,
perdí las llaves, y no encuentro grúa que me haga creer en sí.

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