jueves, 28 de noviembre de 2013

En aleatorio

Confundiste que las heridas eran nieve,
porque te enfriaran y enfriasen,
intentaste erradicarlas con sal,
pero escocieron más y te equivocaste,
aunque no necesariamente en ese orden.

Te creíste que las heridas eran problema del tiempo
e infectaron, y salieron mundos de los granos de arena,
y orbitaron los problemas, y dinamitaron las soluciones.

Descubriste que los problemas se desinfectan,
y que las personas sin titulación también curan.

Has pasado un año en aleatorio,
y Sabina no ha tenido la culpa
de sonar cuando todo parecía gris,
y Louis Armstrong no compuso para tí,
por muy feliz que fuese el día.

Naciste en lunes,
y eso fue en Marte.

Esta es la carta que me debía,
Marcos, a mí me gusta ser idiota,
el cine español, que la música me entienda
y sigo creyendo que los libros en papel son más guapos,
que creer que se puede tener esperanza no es utópico.

Que creer no es utópico.

Que este año los espejos tenían su encanto.

Que ser periodista está bien,
pero que ante todo sigues siendo

controlador aéreo
de aviones de papel sin rumbo.

Y que la música en aleatorio es la mejor,
pero,
aunque la música en aleatorio siempre acierte,
yo
no
creo
en
casualidades,
solo en personas, los míos, rítmicos y arrítmicos,
siempre son sinfónicos.

Diecinueve veintiochos, y noviembre sigue siendo jodido, por eso es mi mes preferido.

Hablar solo es de solos, no de locos.
Aunque los solos siempre estemos acompañados.

(Y si no entiendes nada de esto, es que estás en aleatorio y te ha tocado la canción que no querías,
o que yo desafino, pero si es que desafino, lo hago adrede, es que pienso demasiado en escrito)

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