jueves, 26 de mayo de 2016

Hablar callando

Calla, en cantidad de ocasiones calla. Por eso, supongo, se podría decir que nos queremos de vista. Miro, planteo, pregunto, cuestiono, dudo, temo y una multitud de verbos más. A veces voy a su encuentro y, egoísta, sólo llevo preguntas y sólo me devuelve silencio. Puede ser que no sepa escuchar, es probable que sea que no escucho bien. Pero miro, y no me canso de hacerlo. Pienso en qué se le pasó por su humana cabeza, qué pensará, qué fue lo que ideó para mí que no encuentro. Pero busco, y no me canso de hacerlo.

Alguna vez duele, no muchas pero sí alguna, y alguna, a veces, es mucho. He aprendido que el amor es soportar. Que no hay forma equiparable de amor a que te soporten. Me soporta, me mira, escucha mis inquietudes, anhelos. Lo sé porque aunque en ocasiones no responde, siempre, sin excepción, da respuesta. Habla calladamente pero sin timidez, con una fuerza que sólo se puede corresponder a la verdad única que son, a la vez, todas las verdades.

Calla porque sólo en silencio se puede escuchar, porque únicamente cuando no hay ruido se puede hablar. Lo hace porque sabe que la bala que me alcanza es la que no escucho.

lunes, 9 de mayo de 2016

Lo que me falta

Debe ser un paso arbitrario entre esa acera y esta,
que el semáforo se mantenga en rojo hasta que vengas,
que seas política y yo periodista, tú escritora, yo lector;
que se te caiga la carpeta cuando yo pase sin prisa;
creer en la revolución, en las bibliotecas y la vida.

Creer que se puede creer más allá de en lo que creamos,
convencernos de que puede ser que, que tal vez,
en cualquier momento y lugar, espacio y tiempo,
tú puedes anhelarlo todo y yo tener algo que dar,
que puedo dejar de ser sed para ser agua, o lo inverso.

Puede que sea alguien que abra los ojos
en el preciso instante en el que los estoy mirando,
que no utilice las palabras por si la lluvia,
que no use paraguas por si el silencio,
que no tenga miedo a callar ni a calar.

domingo, 31 de enero de 2016

La pasividad de los árboles

43 personas huyendo de la guerra (refugiados que no encuentran refugio) murieron ayer en el mar Egeo, 17 de ellos niños, que se suman a las incontables víctimas mientras nuestros mandatarios no hacen nada. Nada más que dejarlos morir. Mientras no se aboga por la vida, cuando todos miramos a la política nacional, a la sociedad nacional, al Gobierno nacional, a nosotros, siempre y sólo a nosotros. Cuando nuestra zona de confort es la espada que pone contra la pared la vida de cientos, de miles, de innumerables personas, qué nos queda, qué les queda. Qué somos y qué nos diferencia de la pasividad de los árboles.


El árbol que cae en mitad del bosque no hace ruido pero sí ausencia,
la ausencia no se disipa como la niebla, no abraza como el frío
pero sí agobia como el calor y empapa lo que toca, como la lluvia.

Los árboles que se mantienen en pie no piden explicaciones, aguantan,
no se agachan a recogerle, no mueven un ápice de sus ramas,
ellos no conocen la condescendencia, sólo se mantienen vivos.

El suelo no pregunta para convertir el tronco en humus, para devorarlo,
el suelo simplemente se deja aplastar, sin piedad, por el árbol caído
no pide permiso para llevarle al olvido, lo transporta sin perdón.

La barca que cruje en mitad del mar no hace ruido pero sí ausencia,
la ausencia no se disipa como la niebla, no abraza como el frío
pero sí agobia como el calor y empapa lo que toca, como la lluvia.

Los que se mantienen en pie sólo piden explicaciones, no aguantan,
pero no pueden agacharse, no pueden mover un ápice de sus lágrimas,
ellos no conocen la condescendencia, nadie la tuvo con ellos.

El mar no pregunta para convertir a los niños en pasto de peces,
el mar simplemente se deja indagar, sin piedad, por los caídos,
no pide permiso para llevarles al olvido, donde los transporta sin perdón.

miércoles, 20 de enero de 2016

No obedezcáis

No necesitábamos un mundo de fluorescentes y farolas,
de más maniquís con escaparate que personas con hogar,
con más billetes de más colores y con menos para vivir.
Que me desasfalten las cientos de carreteras radiales
y vuelvan a dibujar caminos rectos que se crucen.

La desobediencia es un baile que no necesita ritmo.

No sé mucho de amor, no hablaban de ello en la escuela,
aprendí entrega en mi casa de noches sin dormir y días en vela;
comprendo el idioma triste del pájaro que migra a pesar del frío,
escucho el grito de los sueños que se cierran en el mar abierto
por todos los hijos que no llegarán a nacer en el Mediterráneo.

Desobedeced, antes de que sea tarde, ahora que es ahora,
antes de que reconstruyan los diccionarios y nos cambien los verbos,
escribid a bolígrafo; a tinta indeleble, palabras indelebles,
hablad mucho y que no os callen, tomad la calle, rehaced los países,
abrazad a los vivos ya que dejasteis morir a los muertos.

No obedezcáis a quien no os quiere aunque os haga llorar.

Abrid las ventanas sin cerrar las puertas, olvidad los mapas,
la frontera no es de continente a continente sino entre personas,
la cultura no es muro, es puente; el miedo no es razón, es excusa.
Los valores se devalúan si se esconden, la comodidad es ilusoria,
la muerte de quien no ves morir también duele, también nos mata.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Qué dices

Por qué dices que tus manos me quieren si no me agarran, por qué tus ojos si no me miran, qué de tus pies que me huyen y tus labios que no me besan.
Qué forma tan extraña la de tu amor que no ama, la de tu abrazo que no abraza, la de tu cordura que no enloquece. Qué realidad más triste en ese cuerpo que únicamente se sostiene, con ese alma tan contradictoria que no tiene ansia y esa mente que tanto retiene pero calla.
Los árboles más robustos, más vistosos, más magnánimos, son talados sin miramiento si no dan fruto. Aunque sus hojas sean el color de la primavera en abril y el del otoño en noviembre, si sólo absorben -aún sin saberlo-, caen en el inmenso silencio del bosque, caen. Qué trato de favor esperas tú que no amas y sí tienes la razón para usarla. Qué favor esperas del mundo al que desfavoreces guardándote, que no es sino otra forma de perderse, de perderte.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Pantomimas

En el país del frío todo el mundo habla en caricias,
"¡pantomimas!" pensaréis, porque no habéis estado
allí, en el lugar donde no hay tiempo para tiritar:

El egoísmo no se convalida como amor propio,
unos ojos tristes no se arreglan a golpe de lágrima
y la soledad no se soluciona con otra soledad.

Un clavo sí saca otro clavo pero el vacío restante es mayor.

El futuro es únicamente un sustantivo poco sustancial,
no hace falta que sea domingo para echarnos de menos,
no es necesario ahogarse para conocer la profundidad.

En el país del frío han impuesto los abrigos y guantes,
han dicho que sólo podía amarse los martes y sábados,
han desterrado la debilidad y ahora nos obligan a ser fuertes

y yo nunca he querido ser fuerte, sólo valiente.

En mi país del frío está permitido tener miedos,
tener miedos no es un problema
sino que ellos te tengan a ti.